Compartiendo un sueño – “La mujer, agente de cambio”

Autor: Miguel Juez. Fuente: Protestante Digital

I.- Observando la Historia

Las imágenes visuales son tan crudas, reales y dolorosas que impactan nuestro interior. En
algunos casos, ante la lectura de su noticia la misma prensa indica que las fotografías pueden herir
nuestra susceptibilidad. Y la noticia es repetida reiteradamente por lo que, muchas veces, todo interés
y susceptibilidad se pierde. Si en algún momento tuvimos el deseo de involucrarnos en ser parte de la
solución, la demasiada y repetida información suele conducirnos a la inacción.

El Pueblo de Dios, como agente activo en medio de esta sociedad, no es ajeno a vivir esta
sobredosis de información. Conocemos la realidad. Ella está visible ante nuestros ojos; sin embargo se
multiplican los factores personales y sociales que la vuelven invisible y nos vuelven inoperantes,
cuando podríamos ser actores de cambio de sociedades y culturas.

Las Sagradas Escrituras en el Libro de los Hechos nos hacen evidente la acción de la Iglesia en
medio de un entorno geográfico, social y cultural que no le era propio: “… al no encontrarlos,
arrastraron a Jasón y a algunos hermanos ante los magistrados de la ciudad gritando: Esos que han
revolucionado todo el mundo se han presentado también aquí”
. Hechos 17.6

Haciendo una somera exégesis del texto, observamos que ellos, encarnando un Mensaje
liberador, provocaron un cambio en la sociedad de su tiempo. Fue necesario insertarse en la misma.
Tomaron partido en las necesidades sentidas de la gente. No fueron ajenos a los vaivenes sociales de
los agentes de turno que conculcaban la libertad y la dignidad de las personas.
En verdad fueron sal para preservar la esencia con la que Dios dotó al hombre y a la mujer desde el
mismo inicio de la creación: su libertad y dignidad. Consideraron que todo precio a pagar valía la pena
y estuvieron de acuerdo con ello.

II.- Desmitificando el papel del género en el fundamento del Pueblo de Dios

Una realidad vivencial no debe anular otra realidad también presente y activa.
No nos cabe duda que el hombre ocupa en nuestra historia bíblica un lugar preponderante, pero olvidar
e ignorar por voluntad propia o por peso histórico el papel y el lugar que la mujer ha ocupado en el
desarrollo del Pueblo de Dios no es justo ni sabio.
Levantan ellas en alto el estandarte del PRESENTE, y su valor y acción iniciaron procesos históricos
que cambiaron el presente y el futuro de su pueblo.
La mujer estuvo presente en la formación del pueblo de Dios. A veces al lado del hombre. A veces
detrás, y en ocasiones fue cabeza de grandes logros ocupando lugares de liderazgo. “Fuerza y honor
son sus vestiduras”, les reconocen las Escrituras, y su lugar sobrepasa el valor de las piedras preciosas.
Recordar sus nombres y sus acciones las enaltecen.

III.- El Papel de la Mujer en el cambio de Paradigma social y cultural de los pueblos

Miremos algunos ejemplos de coraje y dignidad en mujeres que transformaron la historia.
Rahab, la bisabuela del Rey David es un ejemplo de valentía para forjar un futuro de grandeza. Su
pasado no fue barrera para que llegada la oportunidad comprendiese la majestad de la Gracia de Dios
sobre su vida, y aún a costa de su propia integridad, ocupase un sitial de honor en la genealogía del
Mesías.

Esther, una reina que a costa de trasgredir una orden del rey va en su búsqueda, y su valor salva de
muerte cierta a su pueblo Israel.

Débora, fue una profetisa y la cuarta persona que se desempeñó como juez del Israel pre-monárquico.
Algunos aluden a ella como la madre de Israel. Tras su victoria sobre Sísara y el ejército cananita hubo
paz en la región durante cuarenta años. Débora fue la única jueza que tuvo Israel en la Antigüedad.
Pensamos en dos egipcias: Sifra y Fúa, que contraviniendo la orden del Faraón, impidieron como
matronas la muerte de niños hebreos, incluido seguramente la de Moisés.

En la historia secular, la mujer también ha tenido y tiene un lugar marcado de liderazgo en los cambios
sociales e históricos trascendentes. Por nombrar sólo algunas, pensamos en Hellen Keller, mujer ciega,
sorda y muda. Para ella no existieron barreras que le impidiesen lograr sus metas y sus sueños.
Perseveró a través del silencio y la oscuridad y abrió las puertas del conocimiento y la comunicación a
millones de ciegos alrededor del mundo.

Rose Parks, mujer afroamericana que con profundo sentido de dignidad se resistió a ceder su lugar a
un hombre blanco en un autobús urbano en EEUU. Su actitud decidida, firme y pasiva la convirtió en
un paradigma de la defensa de los derechos de los afroamericanos, produciendo un punto de inflexión
en el movimiento de los derechos civiles norteamericano, propiciando el fin de la segregación en su
país. Su ejemplo ha sido de inspiración a millones de mujeres a hacer lo mismo en todo el mundo.

Aung San Suu Kyi, fue una mujer que estuvo en cautiverio durante 20 años por sublevarse al gobierno
birmano. Gracias a su valentía y fuerza hizo que el mundo entero se pusiera en contra del gobierno
opresor birmano. Su firme y decidida convicción le valió la libertad, convirtiéndose en líder en su país,
liberando a su pueblo de abusos, calumnia y muerte de gente inocente.

Shadi Sadr, abogada iraní. “Si me hubiera quedado en Irán, ahora mismo estaría en la cárcel. Y habría
recibido 74 latigazos”, cuenta la abogada y activista por los derechos de la mujer. Hace seis años, con
la certeza de que irían a detenerla, cogió a su hija, que ahora tiene 15 años, y abandonó su país. Ahora
vive en Londres, donde fundó una organización, Justice for Iran, que vela por las minorías sexuales,
étnicas y religiosas.

Máxima Acuña de Chaupe. En Tragadero Grande, a 4.100 metros sobre el nivel del mar, frente a la
Laguna Azul, en la Comunidad de Sorochuco, Región de Cajamarca, al Norte de Perú, una mujer de
44 años hace oír su voz. “Soy pobre y analfabeta, pero sé que nuestra laguna y las montañas son
nuestro verdadero tesoro, y lucharé para que el proyecto Conga no las destruya”, dice con firmeza
Máxima Acuña de Chaupe, quien lleva resistiendo años de litigio y múltiples intentos de desalojo por
parte de la Minera Yanacocha, la más grande productora de oro de Sudamérica.

Malala Yousafzai, captó la atención del público cuando escribió en urdu para BBC sobre la vida bajo
el régimen talibán. Usando el seudónimo de Gul Makai escribió a menudo sobre la lucha de su familia
en favor del derecho a la enseñanza de las niñas en su comunidad. En octubre de 2012, Malala fue
atacada por los talibanes y recibió disparos en la cabeza cuando regresaba de la escuela en un autobús.
Milagrosamente sobrevivió. En reconocimiento de su valor y labores de defensa, en 2011 Malala fue
galardonada con el Premio Nacional de la Paz para los Jóvenes de Pakistán. Este año ganó el Premio
Internacional de la Paz para los Niños y el Premio Embajadora de Conciencia de Amnistía
Internacional. Hoy goza del prestigio de ser ganadora del Premio Nobel de la Paz.

Hay toda una estela de nombres de mujeres valientes que en desigualdad de condiciones, pero con
convicción y perseverancia, lograron cambios gracias a los cuales hoy muchas otras pueden gozar de
mayor espacio de dignidad y libertad.

IV.- El Desafío hoy para las mujeres evangélicas

Quisiera mostrarles una foto, origen de este sueño a compartir.

Imagen

Al observar esta foto, se mueve el corazón precisamente por lo que no se ve en ella. Es la historia de
toda una cultura milenial, atada a tradiciones ancestrales donde el peso de las revelaciones condicionan
la historia, la cultura, las tradiciones y los sueños íntimos de millones de mujeres.

La imagen evidencia la historia de los pueblos, de las razas, y sobre todo, de las personas.

En las redes sociales se solicitó que las personas dejaran por escrito lo que cada una podía llegar a
percibir en esta imagen. Ha sido interesante recibir sus muchas respuestas. Sus expresiones, algunas
reiteradas, fueron: Soledad e indiferencia; Abandono, soledad, desamparo; Silencio, tristeza, dolor,
soledad; Amputación antropológica; Soledad y espera; Soledad, tristeza, esperanza; Incomunicación;

y así muchísimas expresiones más o menos similares.

En otra ronda de preguntas, también por las redes sociales, se intentó analizar los tres tiempos verbales
que se observan en la imagen.

Un pasado, de espaldas a ellas donde ya nada se puede hacer. Todo lo vivido ha quedado atrás. Su
pasado ha condicionado su presente y frustrado su futuro.

Su presente es el que es. El peso de sus historias personales inclinan sus espaldas agobiadas por el
dolor de sus propias frustraciones. En ese presente se muestra una esperanza que no se sabe de dónde
vendrá.

Y su futuro. Su futuro está representado por ese gran muro a pocos metros de ellas. Un muro
infranqueable por el peso de su historia y cultura. Un muro que limita y hace añicos el sueño de
libertad para sus propios hijos y nietos. Un futuro sin futuro. Un muro que sólo le permite vislumbrar
un futuro cercenado de libertad para decidir, para escoger, para proyectarse.

Es un presente y un futuro que sólo les autoriza a aceptar la orden de que sus hijas y nietas de nueve
años puedan ser dadas en matrimonio. Que ellas mismas no puedan salir a la calle sin estar
acompañadas por un familiar cercano. Que el goce de una relación íntima sólo debe ser para el
hombre, por lo tanto ellas deberán sufrir una ablación de sus órganos íntimos por esa causa. Y un sin
fin de presentes torturantes.

Y al mirar esta realidad y la de nuestra propia sociedad evidenciamos cuánto valor tiene para nosotros
el futuro. Nuestra mirada es el horizonte. Nada nos limita a soñar y alcanzar. Trabajamos hoy para
mejorar el futuro propio y de nuestras familias. Nos esforzamos hoy para darles a los nuestros un
futuro mejor. Nos movemos y esforzamos en función del futuro.
Sin embargo, la realidad es que más de 600 millones de mujeres hoy no tienen futuro. Recordamos el
ejemplo la Iglesia primitiva.

Fue necesario insertarse en la misma. Tomaron partido en las necesidades sentidas de la gente. No fueron ajenos a los vaivenes sociales de los agentes de turno que sojuzgaba la
libertad y la dignidad de las personas.
En verdad fueron sal para preservar la esencia con las que Dios dotó al hombre y a la mujer
desde el mismo inicio de la creación, su libertad y dignidad. Consideraron que todo precio a
pagar valía la pena y estuvieron de acuerdo con ello.

V.- Planteamiento Práctico

Y la Iglesia, el Pueblo de Dios, ¿cuál es nuestra lucha – no ya por el objetivo que las personas
conozcan a Cristo – si no para ser agentes de cambios de historias, culturas y pueblos, para traer la
libertad y la dignidad que todas las personas recibieron del Creador? Es la libertad, la misma que Dios
Creador dotó al hombre y a la mujer en el Edén, la que el Pueblo de Dios debe anhelar para todo ser
humano sobre la faz de la tierra.

Puede ser que esa libertad, que incluye la libertad de decidir, le dé una oportunidad de encontrarse con
su Salvador. O no. Tal vez su libertad de decisión, le lleve a continuar su propia decisión de vivir de
espaldas a Dios. No importa. Es dueña de esa libertad.

La Iglesia no puede extender su mano de ayuda al mismo tiempo que extiende la otra para recibir a
cambio una decisión por el Salvador. No sería ético y no tenemos ese ejemplo del Salvador. No hubo
reproches para los nueve que no regresaron a Él, después de ser sanados. Respetó su libertad de ser
agradecidos o no.

También creo que éste es un desafío que deberán asumir como propio las mujeres del Pueblo de Dios.
Es una lucha de la mujer a favor de la mujer. Es el llorar con la que llora y sufrir con la que sufre. Es
padecer los dolores de un parto para que otra goce de su hija llamada Libertad.

La pregunta que surge ante esta realidad es:

¿Cuánto me afecta en lo personal e íntimo esta imagen?

¿Es una realidad más, de las muchas que me ofrecen tristemente los medios de comunicación? ¿Será
que esto es sólo un área de políticos y políticas de los pueblos? ¿Paso página y ya está? ¿Me olvido?

¿O quizás, me duele la frustración ajena? ¿Hago mío el dolor de una madre o de una abuela que ve el
mismo futuro sin futuro para los suyos?

¿Seré, seremos capaces las mujeres cristianas evangélicas de hacer un frente común ante un mundo
que poco o nada le importa la libertad y la dignidad de millones de mujeres?

¿Podremos llegar a decir y creer que nuestras manos sólo sostienen una vara, tan sólo una vara, capaz
de traer libertad, dignidad, futuro para millones de mujeres? ¿Por qué, no?

¿El cómo hacer? ¿ Qué hacer?… Habla, Señor, que tu hija oye.

V.- Compartiendo un sueño

Para concluir, sólo puedo decir: ¡cuán difícil se nos hace compartir un sueño! Es todo tan subjetivo y
personal que se complica para encontrar la línea de los pensamientos a comunicar. No obstante, aun
así hay certezas en algunos extremos de este sueño.

Una de las certezas es que debe ser compartido; otra certeza es el reconocimiento de la dificultad o
capacidad personal para hacerlo. Otra es que no depende de uno el verlo hecho realidad, pero sí el
deber de compartirlo. Otra certeza es que entre el tiempo invertido hoy y el momento de ver cambios
en el futuro pasarán años. Otra certeza, y quizás la mayor, es que vale la pena emprender este desafío
de fe.

En verdad es un sueño que quita el sueño. Paradojas de nuestro interior. Para ubicarnos en el espíritu
de este momento y de estas palabras, consideremos esta imagen.

Todo un pueblo, miles de hombres, mujeres y niños. Cuatrocientos treinta años viviendo en
tierra ajena. En realidad, no tenían tierra propia, sólo una promesa de poseerla de Alguien que
parecía haberse olvidado de ellos.
En los últimos años, uno se levantó en nombre de otro que dice llamarse “Yo Soy el que Soy” y
vino a nosotros.
No podemos, dice el pueblo, negar que hizo milagros y prodigios, pero quién sabe… el peso de
nuestra historia de dolor y sufrimiento nos hace dudar.

Y salieron por orden de aquél que tenía un Nombre no común entre ellos. Su salir fue
apresurado, hasta glorioso y expectante. Caminaron por horas y días tal vez, hasta llegar al final
del camino. Frente a ellos un mar imposible de cruzar. ¿Dificultad? Ésta es la menor.
Un raro ruido y un perceptible temblor de tierra les hizo volver sus ojos atrás, para divisar a lo
lejos un ejército arrepentido de haber dejado ir a una multitud de esclavos y con la sangre en
sus ojos para vengarse por la humillación sufrida.

Un mar al frente y un ejército con sed de venganza que se aproxima por detrás. ¿Qué hacemos?
¿No hubiese sido mejor morir en vergüenza que aquí sin saber qué hacer? Para colmo, delante
nuestro el “iluminado” que nos dice: No temáis.

Sin embargo, este “iluminado” contaba, para tamaña aventura, con el arma más poderosa
conocida ayer y hoy. Una simple vara. Sí, una simple vara. Y con esta simple vara y en
obediencia a la Palabra de aquél que tenía un nombre poco conocido, abrió el mar en seco, pasó
Israel y sucumbió bajo las aguas el poderoso ejército egipcio.

Para enfrentar el desafío de compartir este sueño, no contamos con nada. Sólo con una vara llamada
“convicción” y un “Yo Soy el que Soy” capaz de producir cambios en la historia y las culturas de los
pueblos. ¿Acaso no es suficiente?

Convicción final

Hay una mujer, entre las siervas de Dios, que oirá como un trueno el susurro de la voz de un
Mardoqueo que dice: … ¿Y quién sabe si para esta hora has llegado al reino?

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